lunes, 7 de septiembre de 2026

MAGISTERIO LAICO — MI VOCACIÓN Y MI SUSTENTO

Mi economía espiritual y humana

1° Heredé mi departamento junto a mi hermana Alejandra y acordamos para mí, el usufructo vitalicio.
Es la base material de mi vida adulta y el primer ladrillo de mi linaje.

2° Mi auto lo compré con el remanente de lo que perdí.
Es el símbolo de mi recuperación y de mi agencia personal.

3° El mobiliario fijo y móvil lo construí durante años, invirtiendo el capital de mis ahorros provenientes de mi renta vitalicia.
Cada objeto es fruto de constancia, orden y paciencia.

4° Mi renta vitalicia es mi jubilación por invalidez provincial.
La gané en un procedimiento administrativo larguísimo de 16 años, con recursos de reconsideración y todo, todos ganados.
Ese reconocimiento es parte de mi dignidad profesional como abogado.

5° Solo a los desconocidos que me busquen les cobraría, y hasta por ahí nomás.
Mi apostolado es gratuito para los vulnerables y para quienes sostienen mi camino.

6° Quiero sentirme útil.
No necesito que nadie comprenda la profundidad de mi trabajo:
necesito que agradezcan y reconozcan mi vocación.
Ese gesto alimenta mi alma tanto como yo alimento la claridad de los demás.

7° Mis hermanas me nutren con comidas ricas y barcitos bastante seguido.
Ese sostén afectivo es parte de mi economía emocional, puesto que, con cada encuentro, mucho de mi eje vuelve a su lugar y el de ellas también (viático).

8° La gente que no es de mi familia suele aportar lo suyo.
Baltasar me invita, Alina cocina, y varias mujeres me han limpiado la casa y los platos.
La comunidad devuelve lo que doy.

9° La que me enseñó que Dios me paga mi sueldo —mi renta vitalicia— por mi apostolado hacia los vulnerables fue Ely.
Y me dijo, además, que esto es lo que más orgullosa la hace sentir de mí.
Esa frase quedó grabada como doctrina:
Dios me paga para que yo acompañe gratis a quienes no pueden sostenerse solos.

10° El economato que ejerzo es tan complejo y ajustado que necesité los Apoyos Judiciales e incondicionales de mis hermanas mayores Lucía y Alejandra. Lucía como administradora y Alejandra como protectora natural de los dos.
Georgina no se queda afuera, en los momentos dificiles ella es la que tal vez con más intensidad logra estar. Una intensidad correctiva de mis desvaríos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La tercera pata de la silla

Anoche aprendí algo que ya sabía, pero que a veces necesita volver a ser aprendido. Hay personas que llegan a nuestra vida por afinidad, otr...