Hoy pude nombrarlas con claridad:
La vida con mi familia de origen, donde aprendí a ser.
La vida con Soledad, mi primera construcción adulta.
La vida con Ely, la etapa de estructura y responsabilidad.
La vida como single, mi primera libertad verdadera.
La vida con Analía, intensa, luminosa y formativa.
La vida solitario, donde el duelo me enseñó a mirarme sin disfraces.
Y ahora, la vida definitiva, la que no se reinventa: la que se asienta.
¿Y Dios?
En este domingo, mientras ordenaba mis pensamientos, me hice tres preguntas que cualquier creyente se hace alguna vez:
¿Soy valioso para Dios?
¿Esperaba Él más de mí?
¿Soy demasiado pequeño para lo que Él tenía pensado?
La respuesta que encontré —y que hoy dejo escrita para quien la necesite— es simple y católica en su esencia:
Y la verdad es que, con mis aciertos y mis errores, con mis duelos y mis búsquedas, con mis caídas y mis retornos, siempre intenté serlo.
El cierre de un vínculo y el inicio de una etapa
Y hoy, en este domingo del Señor, siento que ese cierre no fue un final, sino un pasaje.
La vida definitiva
Es una vida verdadera.
Una vida donde:
acepto lo que viví,
honro lo que perdí,
agradezco lo que aprendí,
y camino hacia adelante sin máscaras.
Cierro este post con una oración sencilla
**Señor,gracias por las vidas que vivíy por la que comienza hoy.Dame claridad para aceptar,fortaleza para sostener,y humildad para caminar.Que esta etapa sea verdadera,serenay suficiente.Amén.**

No hay comentarios.:
Publicar un comentario