viernes, 19 de junio de 2026

Magisterio de El Clermont La lectura de la colega


Dios ya se había expedido en hechos, y ahora la colega se expidió en palabras.

Me dijo: “Yo desde un principio supe que no me ibas a regalar la ropa, no porque no quisieras, sino porque no ibas a poder.”

Esa frase resume su modo de mirar el mundo: no reprocha, diagnostica.
No se sorprende, confirma.
Y en esa confirmación se protege del desencanto.

Yo no discuto eso.
Lo registro.

Porque lo que ella llama “no poder” no es incapacidad, es prioridad.
Yo elegí sostener mi casa, mi orden, mi margen.
Elegí reparar el inodoro antes que cumplir un gesto simbólico.
Elegí la realidad antes que la ilusión.

Y eso no me hace menos poderoso.
Me hace más lúcido.

A mis guerreros

A los que me quieren ver otra vez en el brillo, les digo:
el poder que me interesa hoy no es el de comprar, regalar o exhibir.
Es el poder de mantenerme en pie, seco, estable, sin deuda, sin humedad, sin supervivencia.

El Clermont no es un castillo de fantasías.
Es una casa real, con caños, con piso, con decisiones.
Y ahí se ejerce el magisterio.

Cierre

La colega habló desde su intuición, y yo escuché.
Pero mi eje no se mueve por intuiciones ajenas.
Se mueve por hechos.

Hoy el hecho es simple:
la vida me pidió orden, y yo lo elegí.

Lean —
Magisterio de El Clermont.



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