viernes, 19 de junio de 2026

Magisterio de El Clermont Dios se ha expedido en hechos

Hoy Dios habló.

No en metáforas, no en símbolos, no en intuiciones:
habló en hechos concretos.

El inodoro que arreglé hace apenas días —en el que gasté 170.000 pesos— volvió a romperse.
Lo presentí cuando vi al plomero trabajar con un repuesto que no conocía.
Lo vi, lo olí, lo supe.
Y pasó.

No voy a reclamarle nada.
Es un diverso funcional, y esta vez no funcionó bien.
No voy a humillar a nadie por un error.
Voy a llamar a un recomendado y pagaré lo que haya que pagar:
150.000 pesos más.

Y ahí entendí todo.

El derrame de agua y el derrame emocional

El agua derramada siempre es un espejo.
No es magia: es psicología profunda.

El agua que se escapa es la emoción que se desborda.
Y la emoción que se desborda viene de un solo lugar:

la decisión sobre el auto nuevo.

Yo no quiero volver a cuatro años de supervivencia.
No quiero volver a vivir sin margen.
No quiero volver a perder lo que ya perdí:

  • un 0 km

  • una 4x4

  • una hectárea y media en Unquillo

  • un departamento

  • un terreno conyugal de media hectárea

Esa fue mi fortuna.
Y la perdí.
Y sobreviví.
Pero no quiero repetir esa historia.

Hoy quiero comodidad, no épica.
Quiero vida vivible, no hazañas.
Quiero paz, no demostraciones.

Y tengo auto.
No perfecto, pero mío.
Y bajo control.

A mis guerreros

Hoy dos guerreros y la naguala se entusiasmaron con la idea del auto nuevo.
Los vi orar por mi retorno triunfal, por el Lean poderoso, por el Lean que manejaba 0 km y 4x4.

Los entiendo.
Ellos vieron mi brillo.
Vieron mi potencia.
Vieron mi mejor versión.

Pero yo soy el que paga las facturas.
Yo soy el que sostiene la casa.
Yo soy el que enfrenta la humedad si aparece abajo.
Yo soy el que vive con las consecuencias.

Y hoy les digo con cariño y firmeza:

no voy a comprar el auto nuevo.

No porque no pueda.
Sino porque no quiero volver a la supervivencia.

Hoy el magisterio me pide otra cosa:
vivir cómodo por primera vez en mi vida.

A la colega (Daniela)

Con diplomacia y respeto

Dani, vos sabés que cuando te dije que quería regalarte la campera y el jean, lo dije con alegría verdadera.
No fue un gesto vacío.
No fue un impulso tonto.
Fue un acto de afecto y de reconocimiento.

Pero hoy la vida real me puso un límite concreto:
tengo que arreglar el inodoro ya, antes de que genere una humedad abajo que me cueste el doble.

La plata que tenía destinada a tu regalo la voy a necesitar para eso.
No es falta de palabra.
No es falta de voluntad.
No es falta de cariño.

Es prioridad adulta.

Yo ya viví lo que es que me digan que “no cumplo”, que “ilusiono”, que “prometo y no sostengo”.
No quiero repetir ese patrón con vos.

Vos merecés claridad.
Y yo merezco vivir con margen.

Lo que compartimos como colegas sigue intacto.
Lo que hablamos sigue siendo valioso.
Pero hoy la vida me pide atender lo urgente.
Y eso es lo que voy a hacer.

Cierre del Magisterio de El Clermont

Hoy Dios habló en hechos.
Y yo escuché.

No al auto nuevo.
No a cuatro años más de supervivencia.
No a repetir la historia.

Sí a la comodidad.
Sí al margen.
Sí a la vida vivible.
Sí al orden.

Y sí a escribirlo acá, en el Magisterio de El Clermont, donde las decisiones se toman con la cabeza fría y el corazón en paz.

Lean.



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